Evoca el pasado marinero de Santa Cruz de La Palma, y especialmente, en el siglo XIX, el auge en la construcción naval que vivió La Palma, así como época en la que se emigra a América. El inmueble se debe a la iniciativa de don Armando Yanes Carrillo y otros ilustres palmeros que, con los datos existentes en el Museo Naval de Sevilla y aportando su propia técnica como último fabricante de barcos de vela de nuestra Isla, lo hicieron realidad para la Bajada de la Virgen del año 1940. Es una reproducción de la Santa María con la cual Colón llegó a las costas americanas en 1492. Además, el barco es escenario de uno de los números tradicionales de las Fiestas Lustrales: el diálogo entre el Castillo y la Nave.